Signos de alerta en bebés

por Eva Téllez – 18 abril 2020

En este artículo me gustaría dar respuesta a aquellas preguntas que algunos padres o madres se plantean, “¿es normal que mi bebé llore todo el tiempo? ¿tiene algún problema?”. O por el contrario, los padres comentan: “el peque duerme todo el día, está adormilado y se relaciona muy poco, ¿debo preocuparme?”. Hay madres y padres que se preguntan si su hijo necesita algún tipo de tratamiento, “¿esto se soluciona con sesiones de terapia ocupacional infantil?” o “¿el enfoque de integración sensorial ayudará que mi hijo se muestre más calmado?”. A continuación, abordo la importancia de la detección precoz, el reconocimiento de signos de alarma, así como, recomendaciones para las familias que pueden ayudar a la dinámica familiar y al desarrollo adecuado del pequeño.

    La importancia de la detección temprana (0-3 años)

    El diagnóstico temprano y una intervención en las primeras etapas de la vida favorecen una mejor evolución en el desarrollo del pequeño. Es esencial esta detección precoz para que el bebé tenga mejores oportunidades en su crecimiento y aprendizaje de habilidades. Cuanto antes se empiece el tratamiento, antes se empiece a dotar de estrategias y herramientas a la familia, antes se verán resultados que impactarán en el alcance de los hitos del desarrollo del bebé. Es decir, trabajando de manera conjunta con la familia estaremos cambiando la trayectoria de evolución del menor.

    Signos de alerta

    Durante las revisiones médicas a las que son sometidos los pequeños debemos hablar con los pediatras y enfermeras (personal de atención primaria) y transmitirles nuestras preocupaciones de manera honesta. Los médicos son el primer cribado y van a recoger una serie de notas que pueden ser útiles en el futuro. Por desgracia, los terapeutas ocupacionales en España, no participamos en esos chequeos médicos ni nos encontramos en los centros de atención primaria públicos. Es por ello de vital importancia que si lo crees necesario contactes a un terapeuta ocupacional especializado en población pediátrica que sea de tu confianza.

    Respecto a las dificultades del procesamiento de integración sensorial, no son tan visibles a los ojos de cualquiera que no esté familiarizado con este enfoque y con la observación e interacción con bebés. Además, no se manifiestan de la misma manera en todos los niños, varían en forma e intensidad.

    Me gustaría saber si podrías situar a tu hijo en alguna de estas categorías que se detallan a continuación. ¿Alguno de los siguientes ejemplos encajaría con lo que ves de tu peque?

    • Bebé irritable: Para los padres puede ser de difícil manejo ya que pueden ser bebés exigentes, demandantes, quisquillosos, que no paran de llorar… Puede ser que no le guste que le cojan o que le abracen, no disfruta de la hora del baño, por ejemplo. Lo que vemos en estos niños es que hay dificultades en las rutinas del día a día y esto, por supuesto, también incide en el manejo de los padres, creando cierta inseguridad y dudas sobre el cuidado del pequeño. Además, no son bebés que se dejen consolar por lo que son difíciles de calmar y criar con lo que siguen aumentando esa inseguridad en los padres.
    • Bebé dormilón o adormilado: Este tipo de peque suele tener una baja respuesta, no está activo o no es demasiado partícipe. Duerme demasiadas horas, por ejemplo, la madre está preparada para alimentarle pero el bebé no se despierta para la toma de la comida. Cuando consigue alimentarse lo hacen de manera muy lenta, se queda dormido, parece no comer lo suficiente, no muestra interés por la comida. Por otro lado, tampoco parecen responder de la manera esperada ante la estimulación de la madre, que trata de establecer juego o comunicación con el niño.
    • Bebé blandito o flojo: Puede parecer que es un bebé torpe, flojo o blando a nivel muscular. No hay buen control de la cabeza, presenta dificultades para mover la cabeza de un lado a otro, no le gusta estar tumbado. Cuando le coges para sentarle parece que pesa mucho, es pesado de cargar. Durante el primer año de desarrollo, cuando se empieza a desplazar y moverse, se cae a menudo. Este tipo de dificultades con frecuencia suelen estar relacionadas con el sistema vestibular y la habilidad para adquirir el control postural.
    • Bebé desorganizado o con dispraxia: Este tipo de bebé es fácil de identificar incluso sin necesidad de usar pruebas estandarizadas. Uno de los primeros signos que se suele ver en un bebé desorganizado es que no hace juegos de imitar caras con el cuidador principal (mamá o papá). Por ejemplo, juegos de sacar la lengua o hacer sonidos, este bebé parece mirar a otro lado, puede mostrar más interés en objetos que en las personas. Cuando va creciendo, parece tener dificultades en cómo usar su cuerpo de manera adecuada, por ejemplo, durante ese primer año de vida cuando tiene que agarrar y manipular objetos, más adelante en crear e imitar juegos sociales. Muestra también dificultades en averiguar cómo realizar actividades más complejas, como puede ser el juego simbólico. Todo esto influirá más adelante en la vida de este niño en tareas como planificar sus propias acciones o desarrollar secuencias de interacción de mayor complejidad

    Si te apetece profundizar algo más sobre hitos del desarrollo más específicos y signos de alerta relacionados con la edad de tu bebé puedes consultarlos aquí: 0-6 meses, 6-12 meses y 12-36 meses.

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      Recomendaciones a las familias si detectan síntomas o signos

      A continuación, se detallan varias recomendaciones o maneras de actuar que las familias pueden tener en consideración para poder incidir de manera positiva en el desarrollo de sus pequeños.

      Se recomienda llevar un estilo de vida saludable, con rutinas establecidas y claras que den orden y estabilidad al menor. A veces, no es posible ceñirse a esta recomendación debido a las exigencias diarias o de la vida profesional pero sí que es fundamental tener en mente unos hábitos saludables. Dichos hábitos saludables pueden ser horarios adecuados y fijos para las comidas, buen patrón de sueño (suficientes horas, la hora de ir a la cama y de levantarse suelen ser las mismas), ejercicio o movimiento diario. Todo esto tendrá un impacto positivo en la salud, el bienestar y desarrollo de los niños.

      Por otro lado, es bueno saber si la familia tiene una red sólida de ayuda o apoyo que acompañe a los padres o que disminuya el nivel de estrés que puede presentar el cuidador principal. Si se reduce el estrés del cuidador y mejora su estado emocional esto va a repercutir de manera directa en los niveles de estrés del niño. Debemos recordar que los niños son extremadamente sensibles y perceptivos sobre lo que ocurre en su entorno, no hace falta que el bebé sepa hablar para que entienda que algo le ocurre a papá. El lenguaje no verbal, la expresión facial y corporal afectan al peque aunque no seamos tan conscientes de ello.

      En ocasiones, se tiende a comparar con los iguales que tenemos más cerca, niños en la familia, en el parque, escuela, amigos… Cuando los menores muestran signos que su desarrollo no está siendo típico, es decir, como otros niños de su entorno, es recomendable consultar a nuestro pediatra, comentar y aclarar esas dudas sobre el desarrollo del pequeño. Además de consultar con un terapeuta ocupacional que deberá realizar una evaluación sobre el desarrollo.

      Cada vez llegan más peques a nuestras consultas que presentan dificultades con actividades de la vida diaria como son comer, dormir, jugar, asearse, vestirse, retención de heces… Por ello, es recomendable una detección temprana y una pronta intervención para dotar al pequeño y a la familia de orientación, apoyo y prevención de problemas que en el futuro podrían ser mayores. SI tienes alguna consulta, no dudes en ponerte en contacto conmigo en el siguiente link.

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